PNG vs JPG – ¿cuándo usar cada formato?
¿PNG o JPG? La duda surge en casi cada imagen – web, imprenta o presentación. Ambos existen desde los 90 y tienen sus fortalezas, pero brillan en tareas muy distintas.

Cuándo PNG es la opción correcta
PNG guarda imágenes sin pérdida. Cada píxel queda tal cual al guardar – ideal para logos, iconos, capturas, diagramas y todo lo que tenga bordes nítidos o áreas de color plano.
PNG también soporta transparencia con canal alfa (hasta 256 niveles). Permite recortar imágenes o poner sombras suaves sobre fondos de color – imposible en JPG.
Cuándo JPG marca la diferencia
JPG se pensó para fotos y usa una compresión que aprovecha el ojo humano: descarta detalles poco visibles. En fotos a 80–90 % de calidad ofrece una imagen casi idéntica con un 10–20 % del peso de un PNG.
Contra: sin transparencia, y cada guardado roe algo de calidad. Abrir, editar y volver a guardar como JPG varias veces acumula pérdidas generacionales.
Regla práctica
¿Foto, imagen a sangre, degradado? → JPG. ¿Logo, icono, captura, diagrama o cualquier cosa con transparencia? → PNG. Para web añade WebP o AVIF, que cubren ambos casos con más eficiencia.
Tip de flujo: guarda los masters en PNG (o mejor PSD/TIFF) y exporta la versión final web en JPG/WebP/AVIF. Así evitas pérdidas repetidas al volver a guardar.
El asesino del reguardado
Cada vez que editas un JPG y lo vuelves a guardar como JPG, recodificas con pérdida. Tras 10 ciclos verás artefactos en bloque y bordes blandos — incluso a calidad 90. Con PNG eso no pasa.
Flujo: guarda los masters como PNG en Photoshop/Figma; el JPG solo como exportación final. Si solo tienes un JPG y debes retocarlo, pasa por PNG intermedio.


